En mi opinión realizar una buena evaluación en el sentido estricto
del término es un mito que en la práctica no se cumple o se cumple a medias.
Puede formar parte de nuestra planificación y sin embargo lo
que solemos ver es un maestro agobiado llevando casi todos los días en su maletín abultados paquetes de pruebas o
trabajos escritos para corregir en su casa.
Es así que se prolonga la jornada laboral y el maestro continúa realizando en casa el
trabajo que debió haber quedado en la escuela.
Ante esto, nos preguntamos ¿qué tiempo puede tener esta persona para
analizar, sacar conclusiones, y/o tomar decisiones, como por ejemplo,
reprogramar?
¿De qué otra manera podemos obtener las notas parciales para
llenar los registros? ¿Cómo vamos a determinar las calificaciones del ciclo,
del semestre y/o finales para llenar las actas?
Pues si nuestra preocupación está centrada en la calificación
es que nos estamos salteando a la garrocha todas las demás etapas de la evaluación cuyo fin es educar.
Dice López Calva (1) “(…) La evaluación , como un proceso que
implica una continuidad, necesita una adecuada planeación, a fin de que cumpla
con sus funciones de retroalimentación y de toma de decisiones en el PEA
(*)(…)”(p.111)
Coincido con Kenneth Delgado (2) al considerar la siguiente
clasificación como “etapas” de la evaluación.
Así tenemos:
Evaluación Diagnóstica o Inicial: Aquella que se realiza al inicio
del proceso. Por ejemplo al inicio del año escolar y también al inicio de un
tema o unidad. Para ello se utiliza como
instrumento una prueba objetiva estructurada la cual explora la situación real
de los estudiantes, su nivel de conocimiento proveniente de los cursos
anteriores. De esta manera obtenemos los
prerrequisitos, se unifican conceptos, y
se detectan los puntos confusos para solucionarlos. También podemos hacer uso
de la observación (Lista de cotejo, para los más pequeños) o entrevistar a los
alumnos.
Evaluación Formativa o de Proceso: La que se realiza durante el
proceso de enseñanza aprendizaje, la más importante y valiosa pues tiene que
ver con el seguimiento, con el acompañamiento del alumno, no para calificarlo
sino para revelar sus puntos débiles o errores y pueda ir corrigiéndolos. Al
docente le sirve para saber si es necesario retroalimentar el aprendizaje de
los estudiantes, cuando no sabemos si hacer un repaso del tema tratado o seguir adelante con el siguiente tema.
Este tipo de evaluación se puede hacer en cualquier momento del proceso enseñanza
aprendizaje y el instrumento de
evaluación puede ser por ejemplo una exposición oral o una prueba informal. Sin embargo es la que menos se practica por lo
que expone Delgado:
“(…) Una de las mayores dificultades en la aplicación de las
evaluaciones formativas, es la falta de habilidad en muchos docentes para
utilizarlas dada la tendencia a calificar y clasificar a los estudiantes. La evaluación formativa no consiste en poner
notas, pero tampoco prescinde de ellas; lo ideal es interrelacionar la
evaluación de proceso con la evaluación de resultados o evaluación sumativa.(…)
( Delgado p.58)
Evaluación Sumativa o de Resultados: Se realiza cuando el proceso de
enseñanza aprendizaje ha finalizado y para saber si los objetivos planeados para el
curso fueron logrados. A diferencia de la anterior no trata de encontrar
fallas y sus causas sino que sólo busca
medir resultados y calificar al alumno a través de un símbolo convencional con
fines de certificación.
Finalmente Kenneth Delgado nos dice:
“(…)la evaluación de los aprendizajes no debe limitarse a la
verificación de resultados. Es mucho más
importante preocuparse por el proceso; no interesa tanto la “cantidad” de lo
aprendido en etapas sucesivas sino el “como” va aprendiendo el estudiante, para
atenderlo en el desarrollo de sus capacidades de aprendizaje. Esto implica una posibilidad constante de
corrección y autocorrección a partir de la percepción de errores o carencias,
tanto en los estudiantes como en el profesor o profesora responsable.
En otras palabras, evaluar no significa simplemente poner
notas para castigar a unos y premiar a otros de acuerdo a sus logros personales
(…). Necesitamos que la evaluación formativa exista plenamente y se integre de
manera normal con la evaluación sumativa, en un proceso coherente. Esta
coherencia quiere decir conexión y cohesión entre las evaluaciones formativa y
sumativa, como partes indesligables de un solo proceso de evaluación. (…)”
(p.157).
LOPEZ CALVA MARTÍN (2001): “Planeación y evaluación del
proceso enseñanza aprendizaje” México, Ed. Trillas.
DELGADO KENNETH (2004): “Evaluación y calidad de la
educación” Perú, Derrama Magisterial.
(*)Proceso de enseñanza aprendizaje




