viernes, 7 de febrero de 2014

MALAS NOTAS O APRENDER DE LOS ERRORES





¿Quién no reconoce que aprender de los errores es una constante a lo largo de toda nuestra vida?. “La experiencia enseña” decimos todos cuando alguien se equivoca y se propone no volver a cometer el mismo error. Sólo en la escuela el error adquiere carácter sancionador. Todos aceptamos que un examen con errores merece una baja calificación. “(…)Si no se penalizan los errores, se preguntan: ¿Cómo diferenciar a los sujetos que han aprendido más de los que han aprendido menos? ¿Cómo llevar a cabo una calificación equitativa?(…)(La Torre:264) Y es que desde la concepción tradicional, reproductora y conductista, el profesor evalúa contabilizando los errores cometidos y luego juzga y castiga. Tiempo atrás, se aceptaba que un alumno que había salido “jalado” en un examen debía merecer un “reglazo” o el castigo humillante de sentarse en la esquina con las orejas de burro. Actualmente eso sería inconcebible. La concepción constructivista y didáctica del error no está en el error mismo sino en la reflexión sobre el mismo y en el proceso de reconstrucción que provoca, no solo en el profesor sino también en el alumno. Si reconocemos que evaluar es emitir un juicio de valor a partir de datos recogidos de la realidad en la que se producen los hechos, con la finalidad de tomar decisiones; entonces el docente debe plantearse en sus prácticas educativas dos elementos:
1.-Que cuando evalúa a un alumno lo hace para tomar decisiones en torno a su proceso de aprendizaje, no sólo para constatar un hecho.
2.- Que lo hace de forma subjetiva, en tanto proceso interpretativo, que observa, recoge información pero juzga según el tratamiento personal que se le dé a los datos, según sus percepciones particulares de cada alumno, sus expectativas, y otros elementos ideológicos que condicionan ese juicio. Por tanto más que la cantidad de errores contenidos en las pruebas debería importar el tipo de errores, ya que reflejan deficiencias específicas en determinados aprendizajes; más que la exactitud de las respuestas se debería mirar el progreso alcanzado y más que el promedio de la clase al profesor debería interesarle las diferencias de aprendizaje de sus alumnos. (La Torre: 265) Según la nueva manera de considerar el error, el profesor utiliza los errores de sus alumnos como indicadores para diseñar nuevas estrategias de mejora y cambio. El error informa que el niño que se equivoca necesita ayuda por lo tanto condiciona el método de enseñanza, pues el profesor que usa el error como estrategia docente se fija más en los procesos mentales que en los resultados. Por lo tanto es un profesor que no explica sino que orienta y guía. Por otro lado, para el estudiante, la equivocación genera ansiedad y conciencia de culpabilidad. “(…)Los miedos sociales y el miedo al rendimiento se experimentan cuando alguien cree que su propio valor se ve amenazado. Estos miedos se presentan en situaciones en se llevan a cabo acciones sujetas a valoraciones propias o de terceros; son característicos en el contexto escolar (…) Las personas que experimentan estos miedos tienen, en tales situaciones, obligación de poner a prueba su propio valor y la posibilidad de fracasar al hacerlo. Es por eso que les parece que esas situaciones son amenazantes (…)” (Kiehne :61) Desde una perspectiva positiva del error, el estudiante debería comprender que la equivocación es también una forma de aprender, que al revisar su prueba (autoevaluación) debe también reflexionar y preguntarse en dónde está el error para luego aplicar otras estrategias y comprobar su funcionamiento; todo lo cual lo llevará a ser cada vez más creativo.


(1)DE LA TORRE SATURNINO (2002): “Compromisos de la evaluación educativa”, Madrid, Prentice Hall (2)KIEHNE MANUELA (2002): “La escuela emocional” Serie N°4 GTZ Lima /

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