martes, 11 de febrero de 2014

EL TACTO PEDAGÓGICO Y EL ESTILO EVALUADOR


La tarea educativa se caracteriza por  contener  un  alto grado de imprevisibilidad, sin embargo muchas veces los docentes una vez que han dejado que su labor se vuelva rutinaria y monótona,   suelen tratar a los educandos  con una pobreza de tacto o carencia de sensibilidad pedagógica que afecta directamente  al proceso enseñanza aprendizaje.
¿Qué es el tacto pedagógico?
Para Van Manen, una acción realizada con tacto es una implicación en las situaciones en que las debo responder instantáneamente, como una persona completa, frente a situaciones inesperadas e impredecibles (…) cuando nos comprometemos sensible y reflexivamente con un niño, buscando lo que es correcto decir o hacer (…)”(Van Manen (1998)
Son cuatro las características,  que según Van Manen, definen el tacto pedagógico para diferenciarlo del “falso tacto” que sirve  más bien para manipular al otro y que camufla sus verdaderas intenciones.
Las  características del tacto pedagógico  son:
1.- Se orienta a los demás y opera con una actitud de no considerarnos a nosotros mismos como el centro de todas las cosas.
2.- Tener tacto es tocar a alguien y eso puede significar un simple roce, una palabra, un gesto o el silencio. 
3.- No se somete a la planificación, no es algo como los buenos modales, dado el carácter imprevisto  de muchas situaciones educativas.
4.- Está gobernado por ideas pero depende del sentimiento. No existen reglas ni modelos para actuar con tacto.  Es la consideración  hacia los alumnos que debe impregnar toda acción educativa.
El tacto se manifiesta según Van Manen  de las siguientes maneras:
a)      Evitando o retrasando la intervención: Cuando los maestros se dan cuenta que los alumnos no comprenden o tienen dificultad con ciertas habilidades pero no  intervienen dándoles  por igual que aprendan o no.
b)      Siendo receptivos a las experiencias del niño: Cuando el docente reprocha al alumno su falta de cumplimiento e interés por el estudio pero no quiere involucrarse ni investigar el porqué de la situación.
c)       Siendo sensibles a la subjetividad del proceso de aprendizaje: Cuando el maestro se vuelve menos tolerante ya sea porque el número de alumnos es excesivo y no todos pueden participar o se pierde el control sobre el grupo.
d)      Como una influencia sutil: Cuando se da buen trato dado a los alumnos generando un clima de confianza que predispone a que los aprendizajes sean exitosos.
e)      Como seguridad en las diferentes situaciones: Cuando se sabe controlar las situaciones impredecibles con serenidad y seguridad.
Toda esta sabiduría del tacto pedagógico  implica saber improvisar;  manejar aspectos del lenguaje verbal y no verbal y otros elementos que forman parte de la interacción social educativa.
EL ESTILO EVALUADOR
Es un concepto que apenas se ha abordado en los estudios psicopedagógicos. Estaría determinado por cierto “currículo oculto” de la evaluación, las concepciones  latentes y los pensamientos implícitos, determinadas actitudes y experiencias docentes, determinadas estrategias cognitivas que rigen muchos de los comportamientos evaluativos.  Por ello los docentes que ven con tanta naturalidad la evaluación de sus alumnos se vuelven susceptibles y desconfiados cuando se trata de la propia evaluación.
Tal como lo señala Saturnino de la Torre “La evaluación del rendimiento escolar es un proceso complejo en el que inciden toda una serie de componentes personales de quien evalúa (ideológicos , cognitivos, actitudinales, intencionales, profesionales, y estratégicos) que conforman un determinado estilo evaluador, y condicionantes referidos a la experiencia y las expectativas  del docente, a los contenidos curriculares , a las características del grupo , y de los sujetos, a la cultura del centro educativo, etc.  Los valores socioculturales asumidos por el evaluador tendrán su incidencia en el tratamiento y rigor con que se miren los errores. Por último cabe considerar la actuación docente por lo que respecta a la planificación de la evaluación (qué, cuándo y cómo evalúa), a la valoración, y el juicio emitido tras un proceso interpretativo y al uso que hace de la información “  (De la Torre Saturnino 2002 :262)
De la Torre sostienen también que existen dos dimensiones  que convergen en la definición del estilo evaluador: la cultura evaluativa y las características personales del evaluador.
La cultura evaluativa hace referencia a todo un conjunto de variables de carácter socioeducativo que llevan al docente a actuar de una forma determinada y que tiene que ver con su formación profesional.   El otro aspecto está dado porque cada uno integra la cultura objetiva de una manera personal, personalizándola y recreándola. Es así que cada profesor integra a su modo esa cultura sobre evaluación para configurar su estilo evaluador.
 Por su parte, los alumnos saben darse cuenta muy bien  de la forma de corregir y evaluar de cada profesor y también saben que adaptarse al estilo evaluador les da mayores probabilidades de aprobar las pruebas o controles.

SIME LUIS (2004): “Hacia una pedagogía de la convivencia” Pontificia Universidad Católica. Perú. Fondo Editorial
DE LA TORRE SATURNINO (2002): “Compromisos de la Evaluación Educativa” Madrid. Prentice Hall
VAN MANEN MAX (1998): “The Tact of Teaching.  The Meaning of Pedagogical Thoughtfulness”.

State University of New York Press, Albany.

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