La tarea educativa se caracteriza por contener un alto
grado de imprevisibilidad, sin embargo muchas veces los docentes una vez que
han dejado que su labor se vuelva rutinaria y monótona, suelen
tratar a los educandos con una pobreza
de tacto o carencia de sensibilidad pedagógica que afecta directamente al proceso enseñanza aprendizaje.
¿Qué es el tacto pedagógico?
Para Van Manen, una acción realizada con tacto es una
implicación en las situaciones en que las debo responder instantáneamente, como
una persona completa, frente a situaciones inesperadas e impredecibles (…)
cuando nos comprometemos sensible y reflexivamente con un niño, buscando lo que
es correcto decir o hacer (…)”(Van Manen (1998)
Son cuatro las características, que según Van Manen, definen el tacto
pedagógico para diferenciarlo del “falso tacto” que sirve más bien para manipular al otro y que camufla
sus verdaderas intenciones.
Las características
del tacto pedagógico son:
1.- Se orienta a los demás y opera con una actitud de no
considerarnos a nosotros mismos como el centro de todas las cosas.
2.- Tener tacto es tocar a alguien y eso puede significar un
simple roce, una palabra, un gesto o el silencio.
3.- No se somete a la planificación, no es algo como los
buenos modales, dado el carácter imprevisto
de muchas situaciones educativas.
4.- Está gobernado por ideas pero depende del sentimiento.
No existen reglas ni modelos para actuar con tacto. Es la consideración hacia los alumnos que debe impregnar toda
acción educativa.
El tacto se manifiesta según Van Manen de las siguientes maneras:
a)
Evitando o retrasando la intervención: Cuando
los maestros se dan cuenta que los alumnos no comprenden o tienen dificultad
con ciertas habilidades pero no intervienen dándoles por igual que aprendan o no.
b)
Siendo receptivos a las experiencias del niño:
Cuando el docente reprocha al alumno su falta de cumplimiento e interés por el
estudio pero no quiere involucrarse ni investigar el porqué de la situación.
c)
Siendo sensibles a la subjetividad del
proceso de aprendizaje: Cuando el maestro se vuelve menos tolerante ya sea
porque el número de alumnos es excesivo y no todos pueden participar o se
pierde el control sobre el grupo.
d)
Como una influencia sutil: Cuando se da buen
trato dado a los alumnos generando un clima de confianza que predispone a que
los aprendizajes sean exitosos.
e)
Como seguridad en las diferentes situaciones:
Cuando se sabe controlar las situaciones impredecibles con serenidad y seguridad.
Toda esta sabiduría del tacto pedagógico implica saber improvisar; manejar aspectos del lenguaje verbal y no
verbal y otros elementos que forman parte de la interacción social educativa.
EL ESTILO EVALUADOR
Es un concepto que apenas se ha abordado en los estudios
psicopedagógicos. Estaría determinado por cierto “currículo oculto” de la
evaluación, las concepciones latentes y
los pensamientos implícitos, determinadas actitudes y experiencias docentes,
determinadas estrategias cognitivas que rigen muchos de los comportamientos
evaluativos. Por ello los docentes que
ven con tanta naturalidad la evaluación de sus alumnos se vuelven susceptibles
y desconfiados cuando se trata de la propia evaluación.
Tal como lo señala Saturnino de la Torre “La evaluación del
rendimiento escolar es un proceso complejo en el que inciden toda una serie de
componentes personales de quien evalúa (ideológicos , cognitivos,
actitudinales, intencionales, profesionales, y estratégicos) que conforman un
determinado estilo evaluador, y condicionantes referidos a la experiencia y las
expectativas del docente, a los
contenidos curriculares , a las características del grupo , y de los sujetos, a
la cultura del centro educativo, etc.
Los valores socioculturales asumidos por el evaluador tendrán su
incidencia en el tratamiento y rigor con que se miren los errores. Por último
cabe considerar la actuación docente por lo que respecta a la planificación de
la evaluación (qué, cuándo y cómo evalúa), a la valoración, y el juicio emitido
tras un proceso interpretativo y al uso que hace de la información “ (De la Torre Saturnino 2002 :262)
De la Torre sostienen también que existen dos
dimensiones que convergen en la definición
del estilo evaluador: la cultura evaluativa y las características personales
del evaluador.
La cultura evaluativa hace referencia a todo un conjunto de
variables de carácter socioeducativo que llevan al docente a actuar de una
forma determinada y que tiene que ver con su formación profesional. El
otro aspecto está dado porque cada uno integra la cultura objetiva de una
manera personal, personalizándola y recreándola. Es así que cada profesor
integra a su modo esa cultura sobre evaluación para configurar su estilo
evaluador.
Por su parte, los
alumnos saben darse cuenta muy bien de
la forma de corregir y evaluar de cada profesor y también saben que adaptarse
al estilo evaluador les da mayores probabilidades de aprobar las pruebas o
controles.
SIME LUIS (2004): “Hacia una pedagogía de la convivencia”
Pontificia Universidad Católica. Perú. Fondo Editorial
DE LA TORRE SATURNINO (2002): “Compromisos de la Evaluación
Educativa” Madrid. Prentice Hall
VAN MANEN
MAX (1998): “The Tact of Teaching. The
Meaning of Pedagogical Thoughtfulness”.
State
University of New York Press, Albany.

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