jueves, 27 de febrero de 2014

EVALUACIÓN ¿CUÁNDO, CÓMO Y DÓNDE?

En mi opinión realizar una buena evaluación en el sentido estricto del término es un mito que en la práctica no se cumple o se cumple a medias.
Puede formar parte de nuestra planificación y sin embargo lo que solemos ver es un maestro agobiado llevando casi todos los días  en su maletín abultados paquetes de pruebas o trabajos escritos para corregir en su casa.
Es así que se prolonga la jornada laboral  y el maestro continúa realizando en casa el trabajo que debió haber quedado en la escuela.  Ante esto, nos preguntamos ¿qué tiempo puede tener esta persona para analizar, sacar conclusiones, y/o tomar decisiones, como por ejemplo, reprogramar?
¿De qué otra manera podemos obtener las notas parciales para llenar los registros? ¿Cómo vamos a determinar las calificaciones del ciclo, del semestre y/o finales para llenar las actas?
Pues si nuestra preocupación está centrada en la calificación es que nos estamos salteando a la garrocha  todas las demás etapas  de la evaluación cuyo fin es educar.
Dice López Calva (1) “(…) La evaluación , como un proceso que implica una continuidad, necesita una adecuada planeación, a fin de que cumpla con sus funciones de retroalimentación y de toma de decisiones en el PEA (*)(…)”(p.111)
Coincido con Kenneth Delgado (2) al considerar la siguiente clasificación como “etapas” de la  evaluación.  Así tenemos:
Evaluación Diagnóstica o Inicial: Aquella que se realiza al inicio del proceso. Por ejemplo al inicio del año escolar y también al inicio de un tema o unidad.  Para ello se utiliza como instrumento una prueba objetiva estructurada la cual explora la situación real de los estudiantes, su nivel de conocimiento proveniente de los cursos anteriores.  De esta manera obtenemos los prerrequisitos,  se unifican conceptos, y se detectan los puntos confusos para solucionarlos. También podemos hacer uso de la observación (Lista de cotejo, para los más pequeños) o entrevistar a los alumnos.
Evaluación Formativa o de Proceso: La que se realiza durante el proceso de enseñanza aprendizaje, la más importante y valiosa pues tiene que ver con el seguimiento, con el acompañamiento del alumno, no para calificarlo sino para revelar sus puntos débiles o errores y pueda ir corrigiéndolos. Al docente le sirve para saber si es necesario retroalimentar el aprendizaje de los estudiantes, cuando no sabemos si hacer un repaso del tema tratado  o seguir adelante con el siguiente tema.
Este tipo de evaluación  se puede hacer  en cualquier momento del proceso enseñanza aprendizaje  y el instrumento de evaluación puede ser por ejemplo una exposición oral o una prueba informal.  Sin embargo es la que menos se practica por lo que expone Delgado:
“(…) Una de las mayores dificultades en la aplicación de las evaluaciones formativas, es la falta de habilidad en muchos docentes para utilizarlas dada la tendencia a calificar y clasificar a los estudiantes.  La evaluación formativa no consiste en poner notas, pero tampoco prescinde de ellas; lo ideal es interrelacionar la evaluación de proceso con la evaluación de resultados o evaluación sumativa.(…) ( Delgado p.58)
Evaluación Sumativa o de Resultados: Se realiza cuando el proceso de enseñanza aprendizaje ha finalizado y para saber si los objetivos planeados para   el  curso fueron logrados. A diferencia de la anterior no trata de encontrar fallas y sus causas sino que  sólo busca medir resultados y calificar al alumno a través de un símbolo convencional con fines de certificación.
Finalmente Kenneth Delgado nos dice:
“(…)la evaluación de los aprendizajes no debe limitarse a la verificación de resultados.  Es mucho más importante preocuparse por el proceso; no interesa tanto la “cantidad” de lo aprendido en etapas sucesivas sino el “como” va aprendiendo el estudiante, para atenderlo en el desarrollo de sus capacidades de aprendizaje.  Esto implica una posibilidad constante de corrección y autocorrección a partir de la percepción de errores o carencias, tanto en los estudiantes como en el profesor o profesora responsable.
En otras palabras, evaluar no significa simplemente poner notas para castigar a unos y premiar a otros de acuerdo a sus logros personales (…). Necesitamos que la evaluación formativa exista plenamente y se integre de manera normal con la evaluación sumativa, en un proceso coherente. Esta coherencia quiere decir conexión y cohesión entre las evaluaciones formativa y sumativa, como partes indesligables de un solo proceso de evaluación. (…)” (p.157).
LOPEZ CALVA MARTÍN (2001): “Planeación y evaluación del proceso enseñanza aprendizaje” México, Ed. Trillas.
DELGADO KENNETH (2004): “Evaluación y calidad de la educación” Perú, Derrama Magisterial.

(*)Proceso de enseñanza aprendizaje

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